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¿Qué significa orar con toda confianza?


Traducido por Belen Juarez Richter

En Hebreos 4:16, se nos anima a venir confiadamente al trono de la gracia cuando oramos, para obtener la ayuda que necesitamos.

16 Por tanto, acerquémonos con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna. (Hebreos 4:16 NBLA)

Pero exactamente, ¿qué significa esto? ¿Cómo podemos orar confiadamente?

Este versículo nos da dos claves vitales, para orar confiadamente.
La primera, habla sobre conocer nuestra posición en Cristo.

Hace algunos años, leí la historia de un cazador Inuit del norte de Canadá, se encontró con un cachorro de lobo abandonado y decidió llevarlo a la aldea.

Inmediatamente se convirtió en la mascota favorita de la aldea, pero los perros de la aldea sabían que era un extraño y empezaron a maltratarle. Este cachorro continúo creciendo, en poco tiempo era más grande que todos los perros de la aldea, tanto en tamaño como en fuerza.

El escritor recordaba como un día vio a un pequeño perro persiguiendo al lobo por la calle. Él pudo haber destruido al perro en unos segundos, pero el lobo estaba cegado en cuanto a su propio poder. Estaba cegado en cuanto a su fuerza.

Estaba cegado en cuanto a quién era en realidad.

El escritor irónicamente narra, que unos días después, uno de los hombres de la aldea, llevó al lobo a la Tundra y lo mató de un disparo.

Esta es una historia triste. Pero algo aún más triste es que hay muchos cristianos que tienen problemas de identidad similares.

La Biblia nos dice que somos hijos de Dios, coherederos de Cristo (Romanos 8:17)

Por esta posición favorable, podemos entrar confiadamente al trono de Dios.

Pero no es suficiente tener esta posición, debemos creerlo y saberlo en nuestros corazones.

Desafortunadamente, a veces pensamos que no lo merecemos. A veces, pensamos que no somos lo suficientemente buenos. Otras veces pensamos que no somos lo suficientemente espirituales.

Pero esta es una mentira absoluta, porque tú eres todo eso en Cristo.
Y más importante aún, necesitamos actuar con la creencia interna de que tenemos acceso completo al trono de Dios.

Como puedes ver, lo que creemos muchas veces determina como actuamos.

Como hijos de Dios, tenemos derechos, necesitamos utilizar esa ventaja, porque en el significado griego de la palabra “parrhesia” (confiadamente) de Hebreos 4;16 hay más de lo aparente.

Literalmente se refiere a tener libertad para hablar. Significa hablar confiadamente y hablar la verdad. Se refiere a la idea de hablar arriesgándose a sí mismo.

Este es el significado de “parrhesia”.

Esta palabra describe el tipo de discurso permitido en las asambleas políticas de la Antigua Grecia, en donde la gente era libre de decir lo que quisiera.

La idea de hablar libremente también se extendió hasta los dramaturgos, como el comediante Aristófanes, quien tenía permitido ridiculizar a los ricos, a los famosos y a los que tenían el poder.

Pero para el resto de la sociedad griega, había límites en cuanto hasta dónde podían llegar.

Y cuanto se refiere a la oración, Dios ya nos ha dado el derecho de hablar libremente, y no solo que el autor de Hebreos dice que Dios quiere que hablemos confiadamente.

Respecto a un estudioso griego, Rick Renner, describe “parrhesia” de la siguiente forma:

“Primero, nosotros sabemos que cuando nos acercamos al Señor en oración, no debemos temer ser demasiado sinceros, demasiado confiados, demasiado directos, demasiado honestos, demasiado abiertos o incluso descorteses, cuando le mostramos nuestro corazón o le pedimos ayuda. Nunca deberíamos de ser irreverentes, pero no debemos avergonzarnos al decir exactamente lo que está en nuestros corazones. Cuando vas al Señor, él quiere escuchar exactamente lo que tú quieres decir”

Aquí hay un gran problema, cuando se trata de oración, a menudo no oramos con libertad.

Tal vez estemos pensando en que injusta es cierta situación, pero nunca le decimos eso a Dios. Lo que quiero decir es que muchos de nosotros tenemos opiniones y pensamientos con respecto a la situación, pero nunca se los expresamos a Dios.

Dios conoce todos nuestros pensamientos, pero él no los escucha hasta que oramos y le decimos lo que estamos pensando.
En otras palabras, pensar no es orar.

Dios quiere que seamos honestos cuando oramos. Dios quiere saber exactamente lo que tenemos en mente.

Tomemos la oración del rey Ezequías.

Ezequías enfermó gravemente, y Dios le envió al profeta Isaías a decirle que iba a morir y que hiciera planes para la transferencia de gobierno.

Pero mira lo que oró Ezequías:

2 Entonces él volvió su rostro hacia la pared y oró al Señor, diciendo: 3 «Te ruego, oh Señor, que te acuerdes ahora de cómo yo he andado delante de Ti en verdad y con corazón íntegro, y he hecho lo bueno ante Tus ojos». Y Ezequías lloró amargamente. ( 2 Reyes 20:2-3 NBLA)

No es difícil leer entre líneas.

Ezequías era uno de los pocos reyes de Judá que habían seguido a Dios. Y Ezequías le recordó a Dios como él había caminado fielmente.

Y aunque no lo dijo, claramente estaba diciendo

“Es así como me tratas” Ezequías estaba diciendo que esto era totalmente injusto.

Por medio de su oración, Ezequías estaba siendo honesto acerca de lo que estaba sintiendo. Y lo increíble es que Dios cambió de opinión, sí, Dios cambió de opinión y mandó a Isaías a sanar al rey.

Y que acerca de aquella vez en que Dios se enojó tanto con los hebreos. Luego de construir el becerro de oro, que el Señor estaba listo para borrarlos de tierra e iniciar de nuevo con los descendientes de Moisés.

A lo que Moisés respondió:

13 Acuérdate de Abraham, de Isaac y de Israel, Tus siervos, a quienes juraste por Ti mismo, y les dijiste: “Yo multiplicaré la descendencia de ustedes[a] como las estrellas del cielo, y toda esta tierra de la cual he hablado, daré a sus descendientes[b], y ellos la heredarán para siempre”». (Éxodo 32:13 NBLA)

En esta oración, Moisés le recuerda a Dios la promesa que le hizo a Abraham, Isaac e Israel, de cómo haría de ellos una gran nación.

Lo que Moisés estaba diciendo era: Dios recuerda las promesas que haz hecho.

Y veamos como Dios responde a esto. En el siguiente versículo dice:

Y Dios se volteó hacia el arcángel Gabriel que estaba parado cerca y dijo “¿nosotros hicimos tales promesas?, y Gabriel que estaba tímidamente viendo hacia el suelo murmuro “sí, creo que nosotros dijimos algo así”

Por supuesto esto no sucedió.

En el siguiente verso, leemos que Dios cambió de opinión y no juzgó a Israel.

Entonces: ¿Por qué le recordó Moisés sus promesas a Dios? ¿Será que Dios lo había olvidado?

Por supuesto que no. El asunto era este: ¿Respetas la palabra de Dios lo suficiente como para reclamar las promesas que él ha hecho?

No es suficiente pensar en las promesas de Dios, debemos decirlas con nuestra boca, y proclamar estas promesas en nuestra oración.

No hay nada malo con citar versículos de la Biblia en oración, recordando las promesas de Dios. Cuando estás orando por tus hijos, recuérdale a Dios su palabra “instruye al niño en su camino, y cuando creciere no se apartará de él”.

Necesitamos ser muy respetuosos cuando oramos, y a la vez ser muy honestos. Expresar lo que realmente sentimos.

Debemos hablar confiadamente.

Esto significa no quedarnos con nada.

Haz que tus quejas sean escuchadas. Se honesto con Dios. Muchos de los profetas como Moisés y Jeremías se quejaron con Dios. Esto es muy diferente que quejarse de Dios, que fue lo que hizo Israel en el camino hacia la tierra prometida.

El señor sabe exactamente cómo te sientes, con respeto, por supuesto.

Si tientes dudas. Díselo a Dios.

Dile lo que tienes en tu mente.

Si piensas que Dios está siendo injusto, dile la verdad.

Cuéntale al Señor exactamente cómo le sientes con esa situación.
A modo de conclusión, hay una cosa que he visto que es diferente entre como oraban los patriarcas y como oramos hoy.

Ellos conversaban con Dios, expresándole sus temores y dudas. Abraham incluso negoció con Dios en cuanto a Sodoma y Gomorra.

Hace un tiempo, yo estaba manejando mi bicicleta y empecé a recordar algunas cosas que estaban sucediendo en mi vida. Me di cuenta que eran pensamientos, pero que en realidad nunca se lo había contado a Dios.

Entonces me fije en mis pensamientos, y decidí que necesitaba contarle a Dios. No solo pensar en todo lo que estaba sucediendo en mi vida. Entonces empecé a contarle a Dios, con todos los detalles, todo lo que estaba sucediendo.

Incluso me quejé de algunas cosas que yo pensé que eran injustas.
En ese sentido, estaba conversando con Dios.

Y creo que esto es lo que Dios desea de nosotros. Él desea que tengamos conversaciones con Él.

Ahora, al mismo tiempo que tenemos estas conversaciones, necesitamos abrirnos a escuchar de Dios. Escuchar lo que el Espíritu Santo puede responder.

Si has estado atravesando dificultades y retos, en lugar de pensar en ello, empieza a contarle a Dios exactamente lo que está sucediendo en tu vida.

Dios quiere que iniciemos conversaciones con Él. Recuerda, Dios conoce cada pensamiento que está en nuestras mentes, pero sólo escucha cuando oramos.

Como creyentes, necesitamos llevar nuestra vida de oración al siguiente nivel. Necesitamos empezar a orar como si fuéramos hijos de Dios.

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